Película de la Semana: El hilo fantasma

Del amor a la codependencia, un camino de ida y vuelta

Hace unas semanas se celebraron los premios Oscar, y una de las películas nominadas fue “El hilo fantasma” escrita y dirigida por Paul Thomas Anderson, no tan publicitada como otras de su categoría pero no por eso menos extraordinaria.

Anderson nos transporta al Londres de los años cincuenta donde el diseñador Reynolds Woodcock, un hombre perfeccionista, autoritario y mezquino (Daniel Day-Lewis) ha construido un grana gran casona de moda a lado de su cuidadosa, estricta y cínica hermana, Cyril (Lesley Manville).

Todo comienza a partir de un viaje que hace Reynolds para reponerse de una relación que ya no le importaba, en el transcurso de éste conoce a Alma (Vicky Krieps) una camarera joven, torpe e ingeniosa, quien pronto se convierte en la musa y amante del diseñador.

La historia que se vive a partir de este punto cambia de manera abrupta la vida de los protagonistas; Reynolds, quien estaba acostumbrado a tener el control y el poder sobre todo lo que sucedía a su alrededor se da cuenta de que las cosas no serán igual con Alma, pues, esta demuestra un genio dispuesto a contradecirlo y a levantar la voz cuando lo ve necesario, a cuestionar las autoridades y las reglas que se le imponen. La relación se ve envuelta en una serie de cambios de poder, celos, inseguridades y un amor muy genuino que resulta enfermizo. El pasado de cada uno de los protagonistas es hasta cierto punto misterioso y nos hace pensar que esa relación llena de manipulaciones y juegos de poder es quizá el punto más emocionante y estable de sus vidas.

El importarle al otro, el necesitar y ser necesitado, el cuidado mutuo y la excesiva soledad de cada uno, son algunas de las razones por los cuales Reynolds y Alma se mantienen en una relación tan inestable y agresiva.

Pasamos de la ternura a lo perturbador de un momento a otro. Con la fotografía, y la banda sonora a cargo de Johnny Greenwood, tenemos una combinación perfecta para apreciar la sutileza, la elegancia y la manipulación psicológica que se nos presenta cuadro a cuadro; una perfecta obra barroca que sabe combinar la locura y el amor, una mezcla entre en drama y el thriller que provoca en el espectador una mezcla de emociones que llevan a la conmoción y al cuestionamiento de la belleza tóxica que emana de la pantalla.

-Zaira

Imagen: Twitter @JohnSant87

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